viernes, 3 de abril de 2009

El Capítulo Siguiente

Por María Gloria Mena

Mas de 70 mil personas pasaron por la Capilla Ardiente del Congreso Nacional, y más de 100.000 acompañaron el cortejo hacia la Recoleta donde, al menos por un tiempo descansarán los restos del Ex Presidente Raúl Alfonsín.
El aplauso, la exclamación, el agradecimiento, el respeto, las lágrimas y el dolor, fueron sólo “un aspecto importante” de lo vivido en estos días. Pero no fue el único.

Porque hubo otra dimensión presente. Aquella que se expresó por las palabras y testimonios de ciudadanos, familiares, amigos y hombres de la política de todos los partidos: el reclamo por una sociedad argentina, que en el marco de la democracia y del respeto a las instituciones, sea capaz de reconquistar el diálogo y el consenso.

El gobierno, tal vez con algo de preocupación, parece haber entendido esto último como un claro mensaje político de crítica a su propio estilo. Tantas veces de tener que escuchar (por boca de quienes rescataban una y otra vez la figura de Alfonsín), palabras como honestidad, democracia, diálogo, ejemplo, compromiso, integridad, consenso, etc., pareciera haber encendido al menos una pequeña luz roja en el seno del kirchnerismo.

¿Qué será lo tendremos que esperar para adelante?.
Independientemente de cómo reaccionen el gobierno y el resto de las fuerzas políticas en los días sucesivos, por lo pronto todos tuvimos la oportunidad de que se nos recuerde la profundidad que encierra esto de “ser ciudadanos” argentinos. Alfonsín soñaba con la participación popular para la construcción de la Patria. Y tal vez sea ése el sendero que tengamos que recorrer: participar, involucrarnos, trabajar desde la realidad que nos toca a cada uno. En el barrio, en la ciudad, en la provincia o donde sea.

Es verdad que, desde el reconocimiento, la emoción y el agradecimiento, presenciamos como se escribía una página de la historia. Pero sería una lástima que, mañana o dentro de un tiempo, todo se convierta sólo en un mero recuerdo, y muchos brazos sigan cruzados; y que de vuelta, la amnesia colectiva borre de nuestras mentes el “lujo” y el “compromiso” que significa “ser ciudadanos”.