Walter Edgardo Eckart & María Gloria Mena

domingo, 19 de abril de 2009

Gobierno, políticos y nuestras vidas

Por Walter Edgardo Eckart
waltereckart@yahoo.com.ar

De muy pocos amigos recuerdo que hayan hablado con entusiasmo del rol de la filosofía como “instrumento orientador” de los procesos democráticos. Orientaciones basadas, por cierto, en la realidad de cada persona, de cada familia, de cada comunidad. Por el contrario, más de una vez tuve que escuchar frases como: “los filósofos están en la estratosfera...”; “Plantean cosas tan abstractas que no sirven para nada...”; “¡Que el filósofo piense y que el gobernante gobierne...!”. Pero con el paso del tiempo, es casi inevitable ver cómo la mejor expresión de gestión política es aquella que primero comprende el misterio de la persona humana, en lo que es y en lo que hace, y en sus múltiples facetas: como individuo, como parte de una sociedad, como dirigente político o como gobierno.... y recién luego bosqueja, a la manera de un croquis, lo que pueda ser mejor para ella.

Pero en fin. Aún a sabiendas de que pueda resultar tedioso, tomo a un autor, con el cuál no simpatizo precisamente (en especial por su visión bastante pesimista sobre el ser humano, al cual –inclusive- se le quita prácticamente todo horizonte de trascendencia), pero cuya crudeza, en la reflexión y en la expresión, tal vez pueda ayudar a quitar algunas vendas de los ojos.

En efecto, hasta hace poco más de una treintena de años, vivió un filósofo alemán, llamado Martín Heidegger (nacido en 1889 en la ciudad alemana de Messkirch, y fallecido en ese mismo país pero en la ciudad de Friburgo de Brisgovia, en mayo de 1976). Sin lugar a dudas causó una revolución entre los intelectuales de su tiempo: por su modo de ver al ser humano; por la crudeza con la que describe el destino de las personas; por el detalle que realiza de las trampas que éstas se hacen, en forma individual o colectiva, para poder soportar la vida; una vida tan fatídica que les resulta intolerable. Así, para Heidegger, el ser humano es básicamente alguien “echado en el mundo”, destinado a lo peor, ya que es un “ser para la muerte”. Y éste, como no acepta su destino, se “rebela” y crea una multiplicidad de fantasías para sobrellevar el trance de vivir.

Hay un libro de este autor escrito en 1927, bajo el título “Ser y tiempo” (Sein und Seit), donde diferencia dos aspectos consecutivos en la evolución de cada persona. La primera corresponde a la etapa en la que el individuo aún no se “da cuenta de lo qué es y cuál es su destino tenebroso”. A este individuo, lo llama “Dasein”. La segunda, hace referencia a la misma persona o individuo, cuando toma conciencia de si misma y del horror de su fin, que es la muerte. A ésta la llama “Das-man”: ella llevará a partir de entonces una “existencia inauténtica”, sumida en fantasías, donde todo será no sólo tolerable sino hasta seductor, aunque siempre seguirá siendo una forma de vida banal.
Heidegger, describe algunas características de la vida banal e inauténtica. Por ejemplo:
1)La persona manifiesta un marcado afán de novedades. Es como si saltara de una cosa a otra pero sin profundizar en ninguna. Se auto impone estar al tanto de todo lo nuevo aunque sin reflexionar en nada. Sólo quiere, por ejemplo, tener elementos como para presumir en una charla de amigos.

2)Hablar de las cosas sin comprenderlas. Es cuando siempre se repite lo que se dice y se oye, como por ejemplo lo relativo a la política, el deporte, la moda, etc. Aquí la persona repite las afirmaciones de otros, porque cree que si lo dicen los demás es porque “debe” de ser cierto; y como ella misma no investigó nada, accede a confiar y, lo que es peor, toma al otro como un modelo a seguir.

3)La ambigüedad. Es como la verdad a medias, y se hace presente mayormente en las conversaciones o discursos. Por ejemplo, cuando no prestamos la debida atención a un determinado tema y entonces no comprendemos muchas cosas; pero como tememos preguntar para no parecer incultos, callamos, sin siquiera imaginarnos que si no preguntamos... jamás romperemos el círculo que se forma con la falsa curiosidad y la charlatanería. O como el que dirige u orienta a las muchedumbres, que al hablar niega sus bemoles y fantasea con sus triunfos (reales o supuestos...)

Frente a esto, Heidegger sostiene que la existencia auténtica es aquella que desarrolla la capacidad de elegir dentro de sus posibilidades “reales”. Es la que acepta lo bueno y lo malo de la vida, y las responsabilidades implicadas según el rol que desempeña en la familia y la sociedad; por supuesto, con sus yerros y aciertos.
Ser lo que realmente somos, y no lo que nos gustaría o podríamos ser. En el fondo de eso se trata y, dicho en criollo, pareciera que nadie puede escaparse: ni el simple y sencillo trabajador, ni el más excelso de los gobernantes.

Todos, en más o en menos, tenemos un “Dasein” que busca transitar el camino hacia el “Das-man”, exponente fiel de lo no auténtico, de lo banal, de la hipocresía y de la mentira creída hasta por uno mismo, ya en el límite de la insensatez.

Y esto, en todo caso, no sería anecdótico sino más bien preocupante. Porque sólo en la medida en que alguien acepta su realidad, su “ser en el mundo”, su rol social y político; sólo en la medida en que descubre las consecuencias de ese rol que desempeña y sus consecuencias prácticas para él y los demás; sólo en esa medida, podrá conocer entonces los propios límites. Límites expresados en términos de vocación de servicio, derechos y obligaciones; y podrá también tratar de “vivir plenamente el transcurrir de la propia existencia”, sin que por ello se convierta en el obstáculo mayor para que los demás puedan hacer lo mismo: sea un padre de familia, un empleado, un político, un comerciante, un docente, un industrial, un legislador, un trabajador de la salud o... el propio gobernante como también su antinomia: la oposición...

La inmediatez del ritmo político, en un marco eleccionario demasiado próximo, ciertamente que no constituyen el mejor ámbito para la búsqueda de esta especie de utopía. Ya hay una historia escrita. Sin embargo, nada impide reflexionar hacia el futuro....

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

viernes, 3 de abril de 2009

El Capítulo Siguiente

Por María Gloria Mena

Mas de 70 mil personas pasaron por la Capilla Ardiente del Congreso Nacional, y más de 100.000 acompañaron el cortejo hacia la Recoleta donde, al menos por un tiempo descansarán los restos del Ex Presidente Raúl Alfonsín.
El aplauso, la exclamación, el agradecimiento, el respeto, las lágrimas y el dolor, fueron sólo “un aspecto importante” de lo vivido en estos días. Pero no fue el único.

Porque hubo otra dimensión presente. Aquella que se expresó por las palabras y testimonios de ciudadanos, familiares, amigos y hombres de la política de todos los partidos: el reclamo por una sociedad argentina, que en el marco de la democracia y del respeto a las instituciones, sea capaz de reconquistar el diálogo y el consenso.

El gobierno, tal vez con algo de preocupación, parece haber entendido esto último como un claro mensaje político de crítica a su propio estilo. Tantas veces de tener que escuchar (por boca de quienes rescataban una y otra vez la figura de Alfonsín), palabras como honestidad, democracia, diálogo, ejemplo, compromiso, integridad, consenso, etc., pareciera haber encendido al menos una pequeña luz roja en el seno del kirchnerismo.

¿Qué será lo tendremos que esperar para adelante?.
Independientemente de cómo reaccionen el gobierno y el resto de las fuerzas políticas en los días sucesivos, por lo pronto todos tuvimos la oportunidad de que se nos recuerde la profundidad que encierra esto de “ser ciudadanos” argentinos. Alfonsín soñaba con la participación popular para la construcción de la Patria. Y tal vez sea ése el sendero que tengamos que recorrer: participar, involucrarnos, trabajar desde la realidad que nos toca a cada uno. En el barrio, en la ciudad, en la provincia o donde sea.

Es verdad que, desde el reconocimiento, la emoción y el agradecimiento, presenciamos como se escribía una página de la historia. Pero sería una lástima que, mañana o dentro de un tiempo, todo se convierta sólo en un mero recuerdo, y muchos brazos sigan cruzados; y que de vuelta, la amnesia colectiva borre de nuestras mentes el “lujo” y el “compromiso” que significa “ser ciudadanos”.

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

martes, 31 de marzo de 2009

Despidiendo a un Ciudadano


Por Walter Edgardo Eckart

En la intimidad de su conciencia, realmente no sé de cuántas y cuales cosas Don Raúl Alfonsín pudo sentirse sana y humildemente orgulloso. Pero de una estoy seguro: de haber sido simplemente “un ciudadano”.
Y es que el ejercicio de lo político en su vida no sólo fue la expresión de una vocación auténtica al servicio del pueblo (con sus aciertos y errores); sino fundamentalmente la plenitud con la que consagró su “ser ciudadano”.

No interesa demasiado hacer una biografía, pero corresponde recordar algunas cosas.
Fue el mayor de los 6 hijos de Raúl Serafín Alfonsín y Ana María Foulkes, que eran pequeños comerciantes de Chascomús; como 6 fueron también los hijos que tuvo con su esposa María Lorenza Barreneche.

En sus años de niño-jóven, la primaria la hizo en la Escuela Normal Regional de Chascomús; y el secundario en el Liceo Militar General San Martín, obteniendo el grado de subteniente de reserva.

Un año después de casarse, se recibió de abogado en 1950, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Ya siendo abogado y con apenas 23 años y algunos meses, la vida ciudadana y política del país no le resultó indiferente. En 1950, por ejemplo, ya estaba participando en lo que se conoció como el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. Tal vez estas primeras experiencias expliquen el inicio de la posterior insistencia con la que llamó una y otra vez a la juventud a participar de la vida política del país.

Después, claro, vino prácticamente todo lo demás. Desde aquella elección en el ’54, que en lo local le dio el puesto de concejal en Chascomús (sin imaginar que al año siguiente sería encarcelado por la Revolución Libertadora), hasta los acontecimientos de fines del ‘82, cuando se abrió el camino de transición a la democracia bajo la presidencia del general Bignone, y donde Alfonsín se convirtió, primero en presidente Universal de la Unión Cívica Radical; y luego, en candidato a la Presidencia de la Nación, logrando tal investidura el 30 de octubre de 1983, cuando triunfó en la elecciones nacionales obteniendo el 51,7% de los votos.

Pero entre aquel inicio de los años ’50 y su consagración como Presidente de los Argentinos, hubo un largo camino que tuvo que recorrer.

En el ‘58 fue electo diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires y luego diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre ‘63 y ‘66, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). En el ‘65 elegido presidente del Comité Provincial de Buenos Aires de la UCRP. El 17 de noviembre del ‘66 y durante la dictadura de Onganía, fue detenido otra vez aunque por un breve tiempo, por haber reabierto el Comité de la Provincia.
En el ‘73, la Unión Cívica Radical perdió las elecciones ante Juan D. Perón. Aquí Raúl Alfonsín otra vez resultó electo como diputado nacional. Después, en mayo, Alfonsín amplió la extensión del sector que conducía para crear el Movimiento de Renovación y Cambio.

En el ‘75, tres meses antes del golpe militar que dio inicio a la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

En el tiempo de la dictadura militar, prestó su servicios de abogado para defender y hacer las presentaciones de hábeas corpus por los detenidos y desaparecidos.

En el ‘82, ante la Guerra de las Malvinas, fue uno de los pocos políticos argentinos que se opuso a la acción militar en las Islas, exigiendo que el gobierno militar proveyera información verídica sobre la marcha del conflicto.

En diciembre del ‘83 cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación en un marco socio político por demás complicado, su gobierno debió enfrentar dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y la relación con las Fuerzas Armadas. Pero además, hay que recordar, todas las acciones de gobierno estaban condicionadas por la inflación y la crisis de la deuda.

Pero como si fuera poco, su gobierno (de hecho) estuvo también permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas, que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior.

En fin. El resto de la historia más reciente la conocemos todos, con sus aciertos y bemoles..

Pero... hoy, 31 de marzo, cuando se nos acaba de informar sobre su muerte ocurrida poco después de las 20; y cuando el Vicepresidente Cobos, en ejercicio de la Presidencia, declara tres días de duelo nacional como expresión del dolor argentino por la partida de quien es considerado como el “padre de la democracia”; y cuando ya el mundo y dolorosamente, también se hizo eco del impacto de su muerte.... a nosotros... argentinos.... ¿Qué reflexión se nos impone?

No se. En lo personal creo que, más allá de cualquier signo político, hay mucho por rescatar.
Alfonsín fue un hombre simple y honesto. Y fue, al mismo tiempo, un simple ciudadano, que quiso y supo coronar su condición de tal con el mayor y más sagrado de los servicios al pueblo: ser la primera referencia institucional que debía guiarlo, con humildad, con aciertos y yerros, pero siempre en pos de la defensa de lo institucional, de lo federal y...claro... de la democracia...-

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

domingo, 29 de marzo de 2009

Estética y Política


Por Walter Edgardo Eckart
En una voluminosa obra llamada “La Estética”, escrita por el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988), uno de los intelectuales y escritores más importante del siglo XX, se aborda un aspecto de la vida social y personal normalmente descuidado o directamente ignorado . Se trata de la dimensión estética de todo lo que el hombre vive y hace, a la hora de relacionarse con Dios, con sus semejantes y consigo mismo. Para Balthasar, lo estético (lo bello, lo agradable) se expresa por las manifestaciones externas del ser humano, pero debe guardar una necesaria relación con su interioridad más profunda.
Dicho de otro modo, lo agradable que alguien muestra de sí mismo a los demás con sus gestos y actitudes, no debería ser artificial sino que tendría que provenir desde dentro. De lo contrario, por más que el gesto o la actitud sean estéticos en sí mismos, causan en los otros el efecto inverso: la repulsión.
El saber popular, por ejemplo, ese que brota habitualmente de la gente sencilla, no tiene empacho en señalar la falta de coherencia entre “el gesto externo agradable” de alguien y las mil formas distintas de resentimiento, mentira o desprecio que pueda guardar en su interior. A éstos, se los califica como hipócritas, cínicos, mentirosos, inconsistentes, etc.

Y a la hora de la convivencia familiar, social o cívica, cuando alguien “detecta” que el otro o “los otros”, se comportan de esta manera antiestética o desagradable, se produce la ruptura de uno de los valores más preciados: la confianza.


Lo político no escapa a esta regla.
Porque, en principio, un dirigente (gobernante o no), está exigido moral y culturalmente a que el discurso elegante y estético que pueda pronunciar, tenga autentica raíz en sus convicciones e ideales, al menos si anhela ser creíble y conservar la confianza de la gente.
Pero si despreciara esta exigencia, por considerarse tal vez más audaz, mejor educado, mejor relacionado o más inteligente que el pueblo, finalmente y a pesar suyo, obtendrá la repulsión y desconfianza de quienes lo seguían, y de poco le servirá tratar de “emparchar” la cosa cuando una simple coyuntura le haga tomar conciencia del error cometido.
Y es que la única moneda que la madre hipocresía tiene para “pagar” y compensar a sus hijos y adeptos es, precisamente, el descrédito social y la desconfianza permanente.

Por estos tiempos, Argentina (gobernantes y ciudadanos), deberemos afrontar seguramente meses cada vez más difíciles, en el contexto de una impresionante pluralidad de ideas, perspectivas, inquietudes y convicciones.

Pero más allá del necesario y básico consenso socio político, no se necesita que “todos pensemos igual” para salir airosos de nuestros problemas. Porque ni el “pensamiento único” es garantía de éxito, ni la “pluralidad de ideas” es un obstáculo para el triunfo. Lo que sí nos podría llevar a un descalabro total es que cada uno, en el rol que le toca, persista en el vicio no elegante y antiestético de “decir o hacer” lo que no piensa o cree; o que renunciemos pragmáticamente a nuestras convicciones más profundas, sólo porque un tiempo muy arduo y especial (como el de estos meses), nos hizo caer en la cuenta de nuestras propias falacias e hipocresías del pasado, y nos veamos entonces necesitados de “corregir” nuestros discursos y gestos.

“La única moneda que la madre hipocresía tiene para ‘pagar’ y compensar a sus hijos y adeptos es el descrédito social y la desconfianza permanente....”. Es, en el fondo, una simple síntesis pragmática de reiterados resultados obtenidos a lo largo de la historia política Argentina. Es casi una estadística. ¿Serán muchos los que la tengan en cuenta...?

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

sábado, 14 de marzo de 2009

Los dolores del Ocaso


Por Walter Edgardo Eckart

Resulta tristemente paradigmática la "obsesión" por el poder (y sus derivados) que no se han cansado de manifestar los Kirchners durante estos años, bajo el permanente slogan , primero implícito y hoy por hoy explícito, de "seducir" y "dividir" para triunfar.

Desde la segunda mitad del mandato de Néstor Kirchner, fue manifiesta su intención de instaurar una especie de "unipartidismo camuflado"; para adquirir algo parecido a "la suma del poder político", más o menos como en el segundo período de Juan Manuel de Rozas.


También fue manifiesta la actitud de quienes en su momento estuvieron deseosos por integrar sus filas. Dirigentes de distintos partidos que quisieron ser un “K”, sin percibir que se transformaban en una especie de "híbridos". Pobres híbridos de identidad, ideología y ambiciones desconocidas, preocupados casi siempre por reafirmar sus raíces y convicciones, al mismo tiempo que exaltaban la "normalidad y naturalidad" de su proceder en contrario.

En esos tiempos, en cierta forma esto podría resultar entendible.
En efecto, la historia política de la mayoría de los países democráticos del mundo, ha combinado dos componentes que se han alternado a través de los años, preponderando uno por sobre el otro.
Por una parte, está lo que podríamos llamar el componente de la “institucionalidad estadista”. Es cuando un gobernante, a veces no muy audaz en lo personal (aunque manteniendo una cuota necesaria de liderazgo), gobierna al país más bien descansando en la herramientas institucionales que el mismo estado le proporciona, y no tanto confiando en sus propios dotes personales.

Por otra, está el componente del “carisma” (del griego χάρισμα – jarisma), el cual se refiere a una “capacidad singular”, a una “cualidad”, que poseen en forma natural ciertas personas (como líderes religiosos, políticos, etc.), en virtud de la cual pueden convencer fácilmente a sus seguidores, motivar casi sin esfuerzo la atención y la admiración de otros, gracias –precisamente- a esta capacidad casi magnética de su “personalidad” o de la “apariencia” que transmiten a la sociedad de la misma.

Pero el líder carismático, como contrapartida, está expuesto a un peligro que deviene de su propia condición: tan seguro se puede sentir respecto de lo que piensa, de lo que hace, y del control que ejerce sobre las masas, que puede tener la tentación de potenciar hasta el extremo sus convicciones y control del pueblo, al punto de cerrarse en si mismo, desechando todo lo sea en contrario, y asumir que posee tal grado de perfección que sólo él tiene las verdad en su mayor expresión humana, y que –por lo tanto- debe hace caso omiso a eventuales críticas o posturas distintas, y reafirmar “siempre” su propio criterio. Es cuando el “carisma” se degenera en la versión negativa del “mesianismo”.

En este sentido, un gobernante “carismático”, puede resultar para un pueblo, una especie de caja de Pandora. Si mantiene la “normalidad” puede, por ejemplo, revertir extraordinariamente las deficiencias y males de su país. Pero si se extralimita, “si se la cree”, comienza a ejercer un rol “mesiánico” que, casi indefectiblemente, traerá a corto, mediano o largo plazo, más males que los que ya tenía el país, y la propia decadencia del líder.

Aparentemente, esto último es lo que ha sucedido con Kirchner y por eso hoy el escenario es prácticamente el inverso al de aquellos años.
La triunfalista seducción inicial a la dirigencia y al pueblo, fue sustituida por la amenaza y el rencor, que casi siempre se traduce en venganza.
Los ideales propuestos como objetivos a alcanzar desde el esfuerzo, desde lo institucional, lo federal y la racionalidad, dejaron su lugar para dar paso a un sinnúmero de promesas insulsas, mentiras sistemáticas y mil formas de manipulación del electorado.
Los que antes se esmeraban en ingresar a sus filas, ahora buscan como salirse, aún cuando lo hagan en forma todavía temerosa e insegura.
El discurso y el gesto, orientados a “dividir para triunfar”, que por mucho tiempo logró mantener “a raya” a opositores y adversarios, perdió su eficacia, se desplomó y fue sorprendido por lo impensado: una nueva vos se alzó, desde el campo y la producción; una vos (de la cual poco sabía), que expresó sus reclamos, que no se asustó por el poder del líder ni el de su entorno, que fue descubriendo sus artimañas, que despertó las conciencias de dirigentes y ciudadanos, que permaneció unida a pesar de las diferencias internas, y que sirvió de ejemplo para que otros sectores de la política los imitara, buscando consensos a partir de las coincidencias y más allá de la diferencias.

Seguramente no debe ser fácil soportar con cordura un giro tan acentuado. Sin embargo era previsible, porque finalmente... en la vida como en la política... se sigue cumpliendo aquello de “cosecharás tu siembra....”.

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

viernes, 6 de marzo de 2009

Saliendo del Olvido

Por María Gloria Mena
Como sabemos, en cierta forma el enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, se inició a partir de las declaraciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional, el domingo pasado.
En esa ocasión, la primera mandataria acusó a los jueces (en general), de falta de celeridad en la resolución de los juicios, expresando además que tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo ya les habían dado las herramientas necesarias.
A partir de esto, la ministra de la Corte Suprema, Carmen Argibay, rechazó los dichos de la presidenta, argumentando que al Poder Judicial le faltan jueces, infraestructura y dinero para pagar a los empleados.


Además, el ministro Aníbal Fernández, en declaraciones a distintos medios, expresó que a él nunca le plantearon formalmente la falta de fondos, al mismo tiempo que se dedicó a defender su gestión.
Y, como era de suponer, la respuesta de CFK no se hizo esperar, y volvió a embestir contra los jueces, manifestando que son los “únicos que pueden juzgar y encarcelar” a los delincuentes, desestimando que existiera una situación de falta de jueces. Reiteró además que “la Justicia cuenta con los elementos para que las personas que constituyen un peligro para la sociedad no sean liberadas".
Y así, la polémica se fue instalando a lo largo del día, al punto de acaparar la atención mediática.
Pudimos escuchar, desde las voces de sectores del oficialismo, concordantes con las afirmaciones de la Presidenta, hasta las de algunos magistrados, en funciones o no, desmintiendo o poniendo en duda los dichos presidenciales, mencionando incluso algún proyecto sobre esta materia que “duerme” en el Congreso de la Nación.

“SABER” Y “RECORDAR”.
Uno puede saber muchas cosas, pero también puede olvidarlas, hasta que alguien se las recuerde.
Es curioso. Hasta principios del año pasado, la legislatura nacional parecía somnolienta y pesaba sobre ella el apodo de “escribanía”. Y en cierta forma (y desde unos cuantos años atrás), ya nos habíamos acostumbrado a eso. Tuvo que venir el conflicto con el campo para que muchos argentinos recuperemos la memoria y nos acordemos de que nuestro sistema democrático implicaba a otro poder más: el Congreso de la Nación, con sus diputados y senadores, servidores públicos, llamados principalmente a defender los intereses de sus provincias en el seno del estado nacional.

Ahora, en el contexto de las controversias y cruces que implica la polémica de estos días, tal vez podamos encontrar la oportunidad de recordar también que existe un tercer poder: el judicial, que debe, puede y tiene la ocasión para levantar su voz y demostrar al pueblo que “impartir justicia” en Argentina no es una utopía, que es una posibilidad cierta en el contexto de la independencia de los poderes del Estado; que si necesita de más medios para ello, debe exigirlos sin que le tiemble el pulso.
Porque hay algo que, me parece, no se nos puede pasar.
Y es que el ciudadano, cada uno de nosotros, está cumpliendo un doble rol: por un lado, es “observador” del conflicto, en esta ocasión, entre dos poderes del Estado; pero por otro lado y al mismo tiempo, es “protagonista”, ya que las decisiones que se puedan tomar van a influir definitivamente sobre él.

¿QUÉ PENSAR?.
Nada. Todo. Lo mismo que piensa cualquier persona con sentido común: lo único que queremos como pueblo, es que pueda ser garantizada nuestra integridad física y el resto de nuestros derechos; que los delincuentes estén en las cárceles; y que si es necesario asignar a la justicia más recursos que se los asignen.
En esta materia, de seguro que lo que “no queremos” es seguir viviendo más con la inseguridad de cada día. No queremos números, estadísticas o proyecciones. No queremos enterarnos por los medios, dos o tres veces por día, que otra desgracia ha ocurrido. No queremos que el que delinquió la semana pasada, vuelva a hacerlo esta semana.... Simplemente queremos resultados; queremos jueces sin presiones ni ideologías; queremos que tengan todos lo recursos y también toda la responsabilidad; porque del actuar de la justicia dependerá la suerte de nuestra tranquilidad cotidiana y la de nuestros hijos, a la larga o a la corta.

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

lunes, 2 de febrero de 2009

La Memoria de Un Pueblo

Por María Gloria Mena
La otra vez, en ocasión de una nota que había escrito, un lector, en su comentario, opinó entre otras cosas que, seguramente, yo no había conocido ni vivido ninguno de los gobiernos de Argentina.
Me reí. No del lector, sino de mí misma y de las cosas de la vida, porque ese comentario sarcástico que pretendió criticarme, terminó por hacerme un favor: me hizo recordar para qué sirve la memoria. La personal y la colectiva. Y sobre ésta última (la memoria colectiva, la memoria de una sociedad), quiero decir unas pocas cosas y poner un ejemplo.


Lo primero. Memoria para lo mejor.
No soy psicóloga ni nada por el estilo, pero creo que la historia de un pueblo, que la memoria de los distintos acontecimientos y etapas que pueda vivir una nación, básicamente puede ser utilizada para mejorar o empeorar las cosas, para favorecer o entorpecer el futuro.
Podría poner una decena de ejemplos. Pero baste uno, archiconocido y súper cuestionado: la llamada “ley de repatriación de capitales”.

Lo segundo. Recordemos los hechos.
En el Boletín Oficial se acaban de publicar los detalles para el blanqueo de capitales desde el exterior: con sólo una declaración jurada que explique el origen de los fondos, se podrá blanquear la cosa, entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de 2009. Además, con un pago al contado que se realizará a través del sistema “Mis Facilidades” de la AFIP, según la ley 26.476, quedaría cubierto el debido aporte al fisco.

El Gobierno dijo que es una medida para incrementar liquidez al sistema financiero, en el contexto de la crisis financiera internacional. La oposición cree que la repatriación de capitales es permitir el ingreso de dinero sucio, como el proveniente del narcotráfico. Según esto, sería una medida muy peligrosa, que acentuaría la imagen internacional “poco transparente”, que ya tenemos.

Lo tercero. Una opinión a partir de la memoria.
Tal vez, hoy por hoy, inmersos en otros numerosos problemas que nos afectan como sociedad, no nos interese el debate de si es o no una buena medida, que las nuevas autoridades de AFIP sean las que se encargarán de controlar que se informen anualmente, el mantenimiento de las inversiones y depósitos a través de Impuesto a las Ganancias, Bienes Personales o Ganancia Mínima Presunta según corresponda. Tal vez lo consideramos un tema menor, una noticia ya escuchada (como ciertamente lo es), con los argumentos de cada lado ya fijados.

Pero dentro de 5 o 10 años, cuando esta modalidad ya esté totalmente establecida y perfeccionados los mecanismos pertinentes; y cuando Argentina sea ya conocida como nuevo paraíso para el lavado de dinero de cualquier origen, tal vez llegue nuevamente el momento, como tantas veces, del lamento y la crítica.

Hoy, por ejemplo, nos podemos arrepentir de la mayoría de las privatizaciones, cuando vemos que las multinacionales se llevan millones de nuestro país. Pero en su momento, mucho de esto pareció bueno y hasta una causa nacional...
Tal vez mañana nos arrepentiremos de esta ley de blanqueo de capitales (que no vienen solos, sino generalmente acompañados de negocios sucios), a los que hoy les abrimos las puertas y los dejamos entrar con toda liviandad.

Estar concentrados (válidamente) en los problemas que tenemos que resolver en el presente, no es excusa suficiente para olvidarnos de cuidar el país que queremos para el futuro.

Ampliar-----------------------------------------------------------------------

jueves, 15 de enero de 2009

Libertad de Expresión: Crónica de una Embestida Anunciada

Por Walter Edgardo Eckart
Desde el conflicto con el campo, todo el 2008 transcurrió en un contexto de mucha tensión entre el gobierno y los medios de comunicación. Durante el segundo semestre del año, especialmente, desde distintas entidades y sectores del mundo periodístico, se dio la voz de alerta sobre lo que estaba pasando y lo que podría ocurrir en éste 2009, donde la sociedad tendría una nueva oportunidad de pronunciarse a través del voto, y en el marco de un Poder Central sumamente debilitado en su imagen positiva, ávido de una prensa que lo acompañe electoralmente, y esmerado en callar la voces que, directa o indirectamente, discrepan con él.

Por ejemplo, en ocasión del pretendido relanzamiento del Observatorio contra la Discriminación, el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de ADEPA, Carlos Gamond, había sostenido que "cada vez son más frecuentes e irritantes" los condicionamientos a la libertad de prensa en el país por parte del gobierno nacional. "Es quizás éste el momento en que esa incomodidad con el ejercicio de la libre expresión se ha traducido en reacciones más intemperantes".

Otro tanto sucedió con la prohibición por parte del Comfer a Radio Continental, de no retransmitir su señal AM en su frecuencia de FM. Y más allá de la validez de los argumentos jurídicos en uno y otro sentido, fue opinión de analistas, políticos y directores de medios, que era “clara” la intención del Gobierno de castigar a Continental por su posición crítica durante el conflicto del campo, y que lejos estaba eso de un supuesto “celo” por hacer cumplir las normas del Comfer.

A finales de noviembre del 2008, el periodista Alfredo Leuco, desde su columna en Perfil, se refería al tema diciendo: “El gobierno de los Kirchner está potenciando el más formidable operativo para controlar los medios de comunicación que se tenga memoria, desde la restauración democrática en 1983. [...] Por conveniencia económica o convicciones ideológicas o una pragmática mezcla de ambos, algún diario se entregó mansamente y pasó a ser casi el boletín oficial. Y parieron nuevos medios o cambiaron de manos las acciones de otros que fueron alimentados por montañas de dinero desde el Estado [...] Lento, pero seguro, ese esquema se fue trasladando a la radio [...] La compra de Radio del Plata es un ejemplo concreto y habría proyectos similares en marcha para otras emisoras...”

Por estos días habría que sumar otras situaciones recientes y de público conocimiento, como la aparente censura por parte de Canal 7, que omitió la imágenes del Vicepresidente Cobos en el Festival de Jesús María, hecho que mereció el repudio, por ejemplo, de la amplia mayoría de los medios del país, del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, de la diputada y periodista Norma Morandini (Frente Cívico de Córdoba), que integra la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, y aseguró que realizaría un pedido de informes en la Cámara de Diputados y solicitaría que se convoque a las autoridades del canal para que den explicaciones, etc.

También, la posibilidad cada vez más probable de que el Periodista Nelson Castro vea rescindido en forma anticipada su contrato con Radio Del Plata, emisora que fue comprada en noviembre de 2008 por el grupo cordobés Electroingenería, cuyos dueños son totalmente allegados al kirchnerismo, y colocaron en la gerencia comercial a Sergio Szpolski, empresario oficialista y dueño de varias revistas como Veintitrés, Siete Días y Newsweek Argentina, y de los diarios BAE y el matutino El Argentino.¿El motivo?. El periodista, poco más de una semana atrás, opinó sobre una obra de tendido eléctrico en la Patagonía, orquestada por Electroingenería, y cuestionó por qué el segundo tramo de la construcción habría costado un 48 % más que el primero.

Pero más allá de los datos y de las especulaciones, todo parece indicar que no basta ni la conciencia social sobre el derecho a la libertad de expresión como tampoco la letra de las leyes que lo protegen. Una vez más, en este tema como en otros, sería necesaria la aplicación efectiva de la norma, en el marco natural del espíritu propio de la convivencia democrática. Sin embargo, la intolerancia de unos y la obsecuencia o el interés de otros, parecen buscar a toda costa la resignación y acostumbramiento de la sociedad, tratando de convencer, una y otra vez, de que todo “fue siempre así”... y que “lo seguirá siendo..”.

Jaume Perich Escala (escritor y humorista catalán), pensando en la intolerancia del mundo político frente a la crítica, un poco en broma y un poco en serio, alguna vez dijo: "La libertad de expresión hace posible que uno diga que un gobernante es un inútil sin que le pase nada....ni a uno... ni tampoco al gobernante....”

Ampliar-----------------------------------------------------------------------