Por María Gloria Mena
La otra vez, en ocasión de una nota que había escrito, un lector, en su comentario, opinó entre otras cosas que, seguramente, yo no había conocido ni vivido ninguno de los gobiernos de Argentina.
Me reí. No del lector, sino de mí misma y de las cosas de la vida, porque ese comentario sarcástico que pretendió criticarme, terminó por hacerme un favor: me hizo recordar para qué sirve la memoria. La personal y la colectiva. Y sobre ésta última (la memoria colectiva, la memoria de una sociedad), quiero decir unas pocas cosas y poner un ejemplo.
Lo primero. Memoria para lo mejor.
No soy psicóloga ni nada por el estilo, pero creo que la historia de un pueblo, que la memoria de los distintos acontecimientos y etapas que pueda vivir una nación, básicamente puede ser utilizada para mejorar o empeorar las cosas, para favorecer o entorpecer el futuro.
Podría poner una decena de ejemplos. Pero baste uno, archiconocido y súper cuestionado: la llamada “ley de repatriación de capitales”.
Lo segundo. Recordemos los hechos.
En el Boletín Oficial se acaban de publicar los detalles para el blanqueo de capitales desde el exterior: con sólo una declaración jurada que explique el origen de los fondos, se podrá blanquear la cosa, entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de 2009. Además, con un pago al contado que se realizará a través del sistema “Mis Facilidades” de la AFIP, según la ley 26.476, quedaría cubierto el debido aporte al fisco.
El Gobierno dijo que es una medida para incrementar liquidez al sistema financiero, en el contexto de la crisis financiera internacional. La oposición cree que la repatriación de capitales es permitir el ingreso de dinero sucio, como el proveniente del narcotráfico. Según esto, sería una medida muy peligrosa, que acentuaría la imagen internacional “poco transparente”, que ya tenemos.
Lo tercero. Una opinión a partir de la memoria.
Tal vez, hoy por hoy, inmersos en otros numerosos problemas que nos afectan como sociedad, no nos interese el debate de si es o no una buena medida, que las nuevas autoridades de AFIP sean las que se encargarán de controlar que se informen anualmente, el mantenimiento de las inversiones y depósitos a través de Impuesto a las Ganancias, Bienes Personales o Ganancia Mínima Presunta según corresponda. Tal vez lo consideramos un tema menor, una noticia ya escuchada (como ciertamente lo es), con los argumentos de cada lado ya fijados.
Pero dentro de 5 o 10 años, cuando esta modalidad ya esté totalmente establecida y perfeccionados los mecanismos pertinentes; y cuando Argentina sea ya conocida como nuevo paraíso para el lavado de dinero de cualquier origen, tal vez llegue nuevamente el momento, como tantas veces, del lamento y la crítica.
Hoy, por ejemplo, nos podemos arrepentir de la mayoría de las privatizaciones, cuando vemos que las multinacionales se llevan millones de nuestro país. Pero en su momento, mucho de esto pareció bueno y hasta una causa nacional...
Tal vez mañana nos arrepentiremos de esta ley de blanqueo de capitales (que no vienen solos, sino generalmente acompañados de negocios sucios), a los que hoy les abrimos las puertas y los dejamos entrar con toda liviandad.
Estar concentrados (válidamente) en los problemas que tenemos que resolver en el presente, no es excusa suficiente para olvidarnos de cuidar el país que queremos para el futuro.
La otra vez, en ocasión de una nota que había escrito, un lector, en su comentario, opinó entre otras cosas que, seguramente, yo no había conocido ni vivido ninguno de los gobiernos de Argentina.
Me reí. No del lector, sino de mí misma y de las cosas de la vida, porque ese comentario sarcástico que pretendió criticarme, terminó por hacerme un favor: me hizo recordar para qué sirve la memoria. La personal y la colectiva. Y sobre ésta última (la memoria colectiva, la memoria de una sociedad), quiero decir unas pocas cosas y poner un ejemplo.
Lo primero. Memoria para lo mejor.
No soy psicóloga ni nada por el estilo, pero creo que la historia de un pueblo, que la memoria de los distintos acontecimientos y etapas que pueda vivir una nación, básicamente puede ser utilizada para mejorar o empeorar las cosas, para favorecer o entorpecer el futuro.
Podría poner una decena de ejemplos. Pero baste uno, archiconocido y súper cuestionado: la llamada “ley de repatriación de capitales”.
Lo segundo. Recordemos los hechos.
En el Boletín Oficial se acaban de publicar los detalles para el blanqueo de capitales desde el exterior: con sólo una declaración jurada que explique el origen de los fondos, se podrá blanquear la cosa, entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de 2009. Además, con un pago al contado que se realizará a través del sistema “Mis Facilidades” de la AFIP, según la ley 26.476, quedaría cubierto el debido aporte al fisco.
El Gobierno dijo que es una medida para incrementar liquidez al sistema financiero, en el contexto de la crisis financiera internacional. La oposición cree que la repatriación de capitales es permitir el ingreso de dinero sucio, como el proveniente del narcotráfico. Según esto, sería una medida muy peligrosa, que acentuaría la imagen internacional “poco transparente”, que ya tenemos.
Lo tercero. Una opinión a partir de la memoria.
Tal vez, hoy por hoy, inmersos en otros numerosos problemas que nos afectan como sociedad, no nos interese el debate de si es o no una buena medida, que las nuevas autoridades de AFIP sean las que se encargarán de controlar que se informen anualmente, el mantenimiento de las inversiones y depósitos a través de Impuesto a las Ganancias, Bienes Personales o Ganancia Mínima Presunta según corresponda. Tal vez lo consideramos un tema menor, una noticia ya escuchada (como ciertamente lo es), con los argumentos de cada lado ya fijados.
Pero dentro de 5 o 10 años, cuando esta modalidad ya esté totalmente establecida y perfeccionados los mecanismos pertinentes; y cuando Argentina sea ya conocida como nuevo paraíso para el lavado de dinero de cualquier origen, tal vez llegue nuevamente el momento, como tantas veces, del lamento y la crítica.
Hoy, por ejemplo, nos podemos arrepentir de la mayoría de las privatizaciones, cuando vemos que las multinacionales se llevan millones de nuestro país. Pero en su momento, mucho de esto pareció bueno y hasta una causa nacional...
Tal vez mañana nos arrepentiremos de esta ley de blanqueo de capitales (que no vienen solos, sino generalmente acompañados de negocios sucios), a los que hoy les abrimos las puertas y los dejamos entrar con toda liviandad.
Estar concentrados (válidamente) en los problemas que tenemos que resolver en el presente, no es excusa suficiente para olvidarnos de cuidar el país que queremos para el futuro.


